jueves, 7 de noviembre de 2013

Parada técnica, y aprovechada, en Estambul

Las vacaciones de invierno nos llevaron este año a tierras turcas, un lugar que cuatro de los viajeros conocían y los demás no. Pero todos fuimos con la misma ilusión. El viernes 25 de octubre nos encontramos en el aeropuerto de Santiago para el vuelo a Estambul con Turkish Airlines, directo, una gran comodidad.

Aunque salimos a la hora de comer y no  madrugamos, el sopor nos invadió después de la comida de turkish airlines, que no estuvo del todo mal.

Aterrizamos sin novedad y el transfer que teníamos contratado nos depositó en el hotel, un local antiguo pero en pleno centro, centrísimo, con un conducir un tanto loco que a Paco, en el asiento del copiloto le puso de los nervios. Los demás, en los asientos posteriores de la megafurgo, un tanto inconscientemente, encima le tomamos el pelo. Había atascos (tremendos) y no dudó en tomar atajos por zonas inversosímiles como una gran parcela en obras. En cualquier caso, lo superamos y ya en el hotel dejamos las maletas y nos lanzamos a la calle: teníamos que aprovechar el tiempo.


La primera impresión del centro de Estambul apabulla. En el cogollo de la antigua Constantinopla, entre las dos principales mezquitas, la azul, arriba, y la de Santa Sofía, abajo, estupendamente iluminadas, paseamos un rato disfrutando de lo que la historia ponía ante nosotros. Es una zona agradable, plagada de gente y de turistas, pero sin agobios y con sensación de seguridad.

Paco y Mariem conocían esta zona ya que estuvieron e hace unos seis años (Alfonso y Fely menos, pues desde su visita han pasado dos décadas). Mariem reconoció un restaurante donde cenaron con Víctor y Ogadenia entonces, al parecer muy bien, y seguimos su consejo.



Nos instalamos en la terraza arropados por unas estufas y realmente la cena estuvo bien, especialmente el cordero con arroz que tomamos la mayoría. Al final salimos un poco heladillos ya que con la noche la temperatura bajó, pero estuvo bien.




Al acabar bajamos hasta el Bósforo (el de arriba es uno de sus puentes), pasamos al lado de otra atractiva mezquita y callejeamos un buen rato.



Nos adentramos en el puente frente a la torre Galata, con toda la zona llena de gente y de vendedores pese a que ya era noche cerrada.

Encima del puente docenas de personas se afanaban pescando con sus cañas y Álvaro se quedó con las ganas, pero por lo que mostraban no parece que se hicieran con grandes trofeos.


A la mañana siguiente cubrimos el trámite del desayuno, sin más, y nos lanzamos prontito para ver la mezquita de Santa Sofía. Como fuimos madrugadores nos encontramos el acceso casi sin cola. Dentro, su interior impresiona por sus dimensiones, magnificencia y complejidad arquitectónica.

Data en origen del año 306 y durante mil años fue la mayor catedral católica hasta que se acabó la de Sevilla. En el siglo XV los otomanos la transformaron en mezquita en solo cinco años. Dentro hay andamios debido a obras de restauración. Al parecer están tardando más que en hacerla en su momento. Sirvió de modelo a la mezquita azul y a otras muchas.

Al haber sido iglesia y después mezquita mantiene rasgos de ambas. 
 En el tránsito los musulmanes decidieron tapar parte de sus mosaicos, algo que se aprecia en algunos puntos.



Desde la balconada de la primera planta se perciben con claridad sus enormes dimensiones.





Y desde una de sus ventanas se ve, y se puede fotografiar, la cercana mezquita azul,



Al terminar la visita de Santa Sofía pensamos inicialmente en visitarla también, pero ante la cola, la que veís en la foto superior y con mayor claridad unas fotos más abajo, desistimos. 

Teníamos solo unas horas hasta la salida del avión y no era cosa de emplear todo el tiempo en ver dos mezquitas que para los profanos son muy similares. 
Optamos por cambiar de registro y hacer una foto de un cuadro precioso que refleja su interior.





Así que visitamos una casa de cambio para hacernos con liras turcas (las pocas que traíamos se las cogimos en Lavacolla a un informático gallego que salía para Shangai a trabajar dos años y al que le hicimos un favor), pero necesitamos cash autóctono.

Y también nos tomamos unos zumos, que te los ofrecen por todos los lados, de naranja y aún más de granada.

Por la zona encontramos también a un turco casado con una granadina que se autopresentó con un sou Antonio sin Banderas. Un tipo realmente agradable con el que charlamos un rato. Buscaba clientes para un crucerito por el Bósforo pero nosotros ya lo habíamos comprado. 
 
Durante más de dos horas, nos dimos un paseo en barco por todo el frente litoral de esta enorme megalópolis que es Estambul con sus cerca de 14 millones de habitantes incluidos los alrededores, una urbe que se asienta sobre dos continentes, algo que la hace diferente a todas las demás.

Primero costeamos la parte europea y luego enfilamos el estrecho del Bósforo, disfrutando primero de la orilla europea y luego de la asiática.



También pasamos por debajo de uno de los dos puentes que comunican ambas orillas (el otro está cinco kilómetros más arriba) sorteando la abundante circulación marítima, cruceros incluidos.



Y siempre vigilantes, omnipresentes, docenas de mezquitas de todos los tamaños.

La ciudad está en ambas partes colgada sobre colinas, lo que permite imaginar la dificultad de gestionar su funcionamiento y las numerosas cuestas con las que nos topamos.


El puente transcontinental es una obra de ingeniería impresionante y fue construido hace 40 años. Antes, cabe imaginar, habría docenas de ferris y transportes para viajeros.
 
Ahora están construyendo un túnel para el metro que comunicará las dos partes de la ciudad.



Y rapiditos, a primera hora de la tarde, zumbando para el otro aeropuerto de Estambul, que está un tanto lejos y tuvimos que salir con 3,5 horas de margen. El chófer, por suerte para Paco (y para todos) era más comedido conduciendo. Al final llegamos con tiempo y no sabiendo qué hacer nos dedicamos a jugar en la terminal a las peliculas, que hay que adivinar mientras uno del grupo escenifica su contenido para conseguir identificar el título. 
Creo que los turcos que estaban cerca fliparon y Paco se consagró como algo más que un actor de reparto.

En este caso el juego fue hombres contra mujeres y la verdad es que ellas fueron bastante más rápidas y certeras. A algunos se les veía bastante despistados...

Y tras el teatro, embarque y vuelo a Dalamán, el aeropuerto desde el que otro transfer nos llevaría a nuestra casita en Kalkan. En el proceso hubo algún contratiempo, pero de eso ya hablaremos en la próxima entrada, aunque al final Marien, la prota, hasta se fue contenta. Aquí se le ve escenificando una película.


4 comentarios:

  1. Ayyyyyyyyyyyyyyyy los zumos de granada!!! Eso es lo que más recuerdo de nuestro paso por Estambul!!!!! Qué ricos!! qué baratos!! mmmmmmmmmm. Echo de menos un vídeo de lo de las pelis. jaja. muá

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  2. Está claro que "a la vejez viruelas". No puedo ni imaginarme las caras de los turcos que estaban alrededor viendo tamaño espectáculo. Supongo que tendríais el detalle de ocultar que sois españoles, más que nada porque últimamente la marca nacional ya está suficientemente deteriorada.
    Nvidia cochina.
    Bkos.

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  3. LLEVO DIAS INTENTANDO ENTRAR¡¡ESTA SERÁ LA ULTIMA VEZ¡¡QUE TAL TODO..QUE NOSTALGIA DE INFANCIA MEDITERRANEA

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  4. ah¡¡pues ahora he podido..aqui lloviendo a mares¡¡que lo sepais¡¡¡pararlo bien..aunque veo que la recomendacion no os hace falta¡¡petons

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Dinos algo, porfa