lunes, 4 de noviembre de 2013

De paseo con el capitán Osman y Zeinab

El mar es uno de los grandes atractivos de la Costa Licia. 
Lo teníamos claro antes de venir y por eso gestionamos una jornada naútica, actividad que lleva a cabo un nutrido grupo de barcos cuyos patrones antes se dedicaban a la pesca. 
En nuestro caso contactamos con el capitán Osman, dueño del Yidliz 2 y pactamos una jornada en el mar por la bahía. En la foto está Alvaro dirigiendo la operación de desembarque de nuestra furgona.


La cita era entre 9 y 9,30 con Osman y su mujer, Zeinab, una agradable pareja que nos recibió junto al barco. Como el año solo tiene 365 días, fuimos a elegir justo la fiesta nacional, y de camino al puerto nos topamos con los escolares de Kalkan desfilando tras la bandera turca.


Esta era la tranquila bahía de Kalkan a primera hora de la mañana.

Todos los que se dedican a esta actividad para guiris se conocen y hacen ofertas parecidas: un día por la bahía, salida a cenar o cualquier cosa que te apetezca hacer en el barco.


En la imagen superior Osman (camiseta blanca, derecha) está recogiendo el ancla para zarpar.


De inmediato algunos de nosotros ocupamos la proa para ser testigos de la singladura. La realidad es que la bahía era un plato y además con aguas transparentes que cerca de la costa adquieren un llamativo color turquesa. Por tanto, el barco se movía lo justo para no pensar que íbamos en coche.







En la imagen superior, vista de la Kalamar Bay que, casualmente, es donde está nuestra casa. Abajo Alfonso colocándose los aparejos de snorkel para intentar descubrir el fondo del mar.

 Juanma también probó sus habilitades y todos disfrutamos de lo lindo con las gafas y tubos para respirar que nos prestó Osman, además de las aletas. 
El agua estaba a buena temperatura y el mar transparente, por lo que se veía el fondo con claridad. 
 
Descubrir no es que descubriéramos gran cosa, salvo una raya posada en el fondo y multitud de pececitos de pequeño tamaño.

Tras la primera parada para "snorkear" salimos hasta otro punto de la bahía. Antes ya nos había ofrecido café y té de manzana. También nos preguntó a qué hora queríamos comer. Al decirle que pronto, a la 1,30, puso cara de sorpresa. Siempre ha transportado ingleses (españoles éramos los primeros) y ellos comen mucho antes.

Y por si nos habíamos cansado, de rato en rato a la grada a tomar el sol y charlar a la vez que contemplábamos el horizonte.

Paco, mientras, aprovechaba el tiempo pescando. Previsor a medias, se llevó sedal y anzuelos, pero no cebo. Hizo lo que pudo con miga de pan, como se ve en la foto. 
Lo pececitos que cayeron eran tan pequeños que los devolvió al mar, aunque uno de ellos antes le clavó unas espinas. El dolor era similar al de una faneca gallega y le tuvo varias horas la mano agarrotada.








Y como puede verse en la secuencia, los que no optaron por el submarinismo de superficie encontraron también modos de pasar el rato... con la colchoneta siempre como recurso final.

Y llegó por fin el momento de la comida, que estuvo francamente bien. 
 
Mientras nosotros nos divertíamos, Osman y Zeinab habían preparado un surtido de platos que nos encantaron: 
pollo guisado, coliflor con una salsa tipo mayonesa, rollitos de verdura, lomos de pescadilla frita, ensalada, arroz, etcétera, además de cerveza y vino rosado a discreción. 
Estupendo momento sentados en una cómoda mesa a la sombra en medio del mar.


La tarde discurrió en un tono similar. Fondeados junto a una playa, Ana y Beni se acercaron nadando y pegaron la hebra con un paisano que pasaba las horas leyendo. 
Andrea es un alemán que recorre el camino licio y había plantado allí su tienda. Les cayó muy bien. Además hablaba perfectamente español, pues había vivido en Colombia. En la foto, uno de Redondela francamente descansado.

Y en esa misma playa, el colofón: Osman preparó un cubo de barro libre de pedruscos y los guiris se embadurnaron y se convirtieron en aborígenes zulúes corriendo por una playa.


Aunque aludieron a beneficios para la piel aquello sonaba más bien a cuchufleta coñera, pero casi todos se enjabonaron en barro y recorrieron el arenal entonando gritos y saludos en una lengua ignota. 
 
 
En apariencia, muy felices. Y es que, decían, a veces hay que desmadrarse.







Claro, después llegó el momento de retirar las pinturas de guerra, pero con el mar en medio de playa y barco la cosa no fue problemática.


Ya con el sol declinando (pasadas las cinco se pone y refresca bastante), Osman nos llevó a las islas que cierran la bahía donde hay unas grutas en las que penetra el agua. La idea era entrar nadando para ver su interior, pero ya era un poco tarde y sin sol, y preferimos enfilar hacia Kalkan con el barco a paso calmo.


Con el sol poniéndose los capitanes nos invitaron a merendar (Zeinab también maneja el barco) fruta y bizcocho con te de manzana, para redondear todavía más un día sin aristas, de esos que quedan en el recuerdo en la parte más visible.

En el puerto nos despedimos de nuestros anfitriones y vimos como había mucha actividad en otros barcos. La mayoría llegaban con grupos como nosotros y alguno salía con pasajeros para una cena nocturna en la bahía, con personas en algunos casos vestidos de forma llamativa para nosotros.
Lo más sorprendente es el precio de una actividad tan completa: el barco admite doce pasajeros pero preferimos ir los ocho del grupo sin gente extraña. Nos salió a ¡30 euros por persona! por ir menos más un recargo por el vino y las cervezas extras de media mañana. Un chollo.

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