martes, 5 de noviembre de 2013

Junto al mar a 2.400 metros de altura

Día de cierto madrugón. Íbamos al monte Olympos (no confundir con el Olimpo griego) y eran unos 150 kilómetros. Por tanto, prontito a desayunar (7,30 horas) para salir pitando. 

Pero ello no impidió que Paquito le restase tiempo al sueño para entrenar. El viajecito fue un poco largo, pero entretenido en la furgona. 
 
Al final llegamos a la base del montecito, que se las trae, como se puede ver en la imagen anterior.
En la cumbre finaliza el funicular. 

No os fiéis de algunas sonrisas, que hubo quien tuvo sus más y sus menos en el proceso de debate con su vértigo, pero salió triunfante, claro.




La vista desde el cacharrito que subía a bastante velocidad era magnífica.

Bueno, se le conoce como Olympos pero también como Tahtali.
Aquí ya estamos todos arriba del todo, justo en la  terraza del edificio.




La vista desde arriba es espectacular, sobre todo porque el Olympos está casi pegado al mar y su altura se aproxima a los 2.400 metros. No es algo habitual.



A este lugar se asciende únicamente por el placer de disfrutar de la vista ya que arriba es lo único que se puede hacer, aunque el edificio del funicular tiene las consabidas tiendas, restaurante y demás servicios.






Por tanto, allí estuvimos un rato dando vueltas, viendo el panorama desde todos los lugares posibles, haciéndonos fotos como estas panorámicas de Álvaro. 
 
Eso sí, nos llamó la atención lo caro del billete para el nivel de vida turco (30 euros), pero es evidente que construir el teleférico tuvo que costar lo suyo.






Nosotros le hicimos los honores como se merecía y oteamos el horizonte desde todos los ángulos posibles.

De allí cogimos la ruta para la cercana Faselis, una antigua ciudad del 600, año arriba o abajo, antes de Cristo. Está muy deteriorada y aparenta recibir pocos cuidados. Se halla en la costa, en una pequeña península con una entrada estrechita de unos 150 metros de ancho y el mar a ambos lados.

Debió ser una población importante que llegó a contar con tres puertos, uno en cada lateral y el lugar es especialmente atractivo.



Aunque el paso del tiempo, y con seguridad la mano del hombre, la ha dejado muy tocada, se pueden observar con claridad los restos de los baños, la calle principal, el ágora y otros muchos lugares.

La pena es que no parece existir ningún plan de conservación ni puesta en valor digno de tal nombre, salvo unos carteles un tanto deslavazados. Se limitan a cobrar la entrada, 3 euros, y nada más. 
El sitio con mayor atractivo es el anfiteatro, que es buena muestra del poderío de la antigua urbe,  famosa sobre todo porque por aquí pasó Marco Antonio y se declaró a Cleopatra.

Y puestos a rememorar, Álvaro sacó del baúl de los recuerdos de su memoria sus tiempos de dedicación al teatro. De motu propio bajó al escenario y nos deleitó con unas declamaciones que nos dejaron sorprendidos por su nivel.

Tanto que hubo aplausos que encontraron la recompensa de un bis, y a los que se sumó una familia alemana que también lo escuchó con aparente interés.




El día avanzaba y buscábamos un lugar donde comer con playa para darnos un baño. 
Desechamos la de Faselis, enorme y chula, pero con gente y sin chiringuito alguno, así que nos pusimos en ruta. Dimos un montón de vueltas por corredoiras del país.

Por fin recalamos en Cirali en una playa mixta, lo que no quiere decir que admita hombres y mujeres sino que se produce un maridaje de cantos rodados y arena, con mayor abundancia de los primeros. Allí cumplimos nuestros deseos: baño y comida, por este orden. Y ambos satisfactorios.

En un chiringuito anexo nos despedimos de la jornada con una especie de pizzas hecha con pan de pita en amplias raciones individuales que nos encantaron. Y vuelta para casa que tuvimos que hacer un par de horas de carretera. Se nos hizo corto porque jugamos a las palabras encadenadas y nos echamos unas risas. En el camino paramos a comprar unas chuletitas de cordero y al llegar las hicimos en la barbacoa. Aprovechamos el día pensando que al siguiente nos tocaba la jornada de barco.



1 comentario:

  1. me muero de envidia¡¡sobre todo por la jornada marinera¡¡¡ el dia, el barco,la excursion,la comida y hasta el barro del que os embadurnasteis tenia una pinta estupenda¡¡en fin que si la envidia fuese tiña....por aqui qué contaros...lluvia y bajada de temperaturas en general..y una ultima cosa..mas dura será la caida
    cati

    ResponderEliminar

Dinos algo, porfa